lunes, 9 de octubre de 2017

La última noche

Viajando por el mapa de tu cuerpo. Aterrizando en cada continente, pasando cada noche en un país diferente. Comiéndome las venas, tus caminos. Cruzando tus mares, alternando mi destino. Atracando en cada cicatriz, infecciones sentimentales, bajo las nubes de abril.

Cada historia, cada caída. Y en cada poema la misma herida.

Navegando los ríos que distan mis males de tus abismos. Las cascadas de tu aliento. Y en tus montañas encuentro cobijo. Sin fronteras ni permisos. Ni tormentas, ni vacíos. Provocando terremotos desde el exilio. Y entre los puentes de tus piernas, cada día, se esconde este doliente forajido.

Sin avisar, vuelve a morir el sol. Vuelven silencios ensordecedores. Son tus miradas recitando entre sombras versos aterradores.

Y una vagabunda brisa, que evita tu risa, pone las condiciones.

Escaleras al cielo, distanciamiento progresivo. Un torniquete en el corazón y restos de mezcal por el pasillo. Pirámides de sudor que traducen el consuelo. Tortugas del placer arrastrando el duelo. Y una última súplica pronuncia el vuelo.

Que la lluvia no entiende de países. Que los prados hablan la misma lengua. Que en este lago, en este valle, ya tu presencia mengua.

¿Estaré por dentro vacío? Hace tiempo que mis letras no ruedan cuesta abajo hacia tus oídos. Por fuera sé que no, me he hecho mayor y tú ya te has ido.



domingo, 17 de septiembre de 2017

El camino

El polvo que levantan tus pisadas, no puedes dejarlo atrás. Te muestra el camino de vuelta. Por si las lágrimas del huracán borran su silueta. Nada te retiene aquí. Sabes que no regresarás. Siempre fuiste fiel a ti misma y aunque no vuelvas, en tus huellas, de reojo, te descubrirás.

Te fuiste sin despedirte. Tampoco tenías por qué hacerlo. Te prometí que no iría en tu busca, que no saldría a tu encuentro. Pero no sé en qué estaría pensando, sigo sin entenderlo.

Sólo me queda delirar profesándote feliz. Aunque sea en otro desierto, aunque sea en la distancia, aunque sea sin mí.

Sigue cabalgando. No mires atrás. Mi imaginación seguirá volando. Pero tu decidido caballo no te dejará retornar. Por mucho que te eche de menos, por mucho que encuentre en ti mi único hogar.

Nunca fui un buen jinete. Nunca supe conducir mis miedos. Eso te asustó y por eso decidiste huir sin ningún remordimiento. No te guardo rencor. Si pudiese controlar el frío y tu calor, no te estaría escribiendo, no estaría llorando, habría ido tras de ti asegurándome la salvación. Pero no interpretes en mis letras una rendición. Siempre tuve fe. Y aunque ahora vuelen los años, olvidarás los daños al escuchar esta canción.

Suelta la cuerda. No la lleves contigo. No la tenses más. Déjala por el camino. Sé valiente. Confía. Córtala si todavía no se ha partido. Ya me encargo yo de recogerla, ya intento yo pegar los trozos mientras escribo.

Tú sigue el olor de las estrellas, el ardor del Sol mientras puedas. No te pierdas en la noche oscura, aunque te veas desnuda y sientas que te duela. No estarás sola, podrás encontrarme en la arena. La que te acaricia el rostro cuando el viento sopla, la misma que a mí aún me quema. Que todavía sigo rendido en el camino.

En tu camino de vuelta. 

Vincent et le chat. Willy Ronis, 1955

domingo, 4 de junio de 2017

Dislexia emocional




Yo por un lado. Mi cabeza por otro. Tú en el centro. Que necesito escribir para que sea lo que no fue. Que necesito cambiar lo que llevo dentro. Dislexia emocional. Que todo era real, que todo era incierto.

Levantando universos de papel. Donde sea lo que no pudo ser. Esferas de ficción donde no sean amargos ni los guiños ni el café. Donde se conviertan en arte, en música, los gemidos y la desnudez.

Saltar de dimensión. Dejarme llevar por lo emocional, lo espiritual y la inspiración. Dejar atrás la realidad para volver a tu idealización.

Elecciones erróneas. Decisiones suicidas. Buscándonos en el final de los días. Entre los recuerdos, tus gestos y mis tonterías.



No te gires. No te des la vuelta. Ya quedó todo atrás. Mira hacia delante. Ya me verás. El mundo gira como un volante, la Tierra es redonda, si seguimos corriendo me encontrarás.

Supéralo. No hagas como yo. No me pienses cada día. No cabes un hoyo por cada melodía. Perdónale. No le pongas mala cara a la vida. Ella no tiene la culpa. Un anochecer me dijiste que siempre sonreirías.

Es difícil pero eres fuerte. Parecerá imposible, has de ser paciente. Siempre fuiste fría, nunca mía, ni de este corazón latente.




Dinamismo. Explotación. Que no soy el mismo. Que sigo esperando tu adiós.

No suplico que te quedes. A mi lado ya no hay amor. Por favor, no me esperes. El futuro no será mejor.

Irrealidad fantasmagórica, las cenizas del exilio. Penetrando como flechas de acero que lanzan contra cuerdas de plata.

Que aprietan y ahogan. Que ruegan y abandonan. Que lloran pero no perdonan.

Idolatría como ciencia. Incurable desconfianza e indolencia. Inseguridades en la balanza. Que ceden del lado de la infelicidad y la desgracia.

Mordiendo sin dientes. De instinto profético, ejercicios de introspección y un halo poético.

Cortando el viento. Sin respiración. Sin aliento.

Joder, que los abrazos ya no duelen, que ya no dan miedo. Por favor, ayúdame. ¿Cómo vuelvo al pasado? ¿Cómo regreso al infierno?




domingo, 5 de marzo de 2017

A segunda vista


- Pero… ¿quién te ha enseñado a escribir así?
- El dolor. Cuando el sufrimiento te escribe a ti, en vez de tú a él, en realidad, todo es más fácil. Todo es más difícil.

Cuatro años antes…


A segunda vista. Sol y sombra. Enfermedades perfumadas. Sufrimiento maquillado. Caricaturizando el futuro por respeto al pasado.

Pros y contras. Una balanza en cada corazón. Montañas rusas en la cabeza. Una noria. Y en objetos perdidos la razón. 

Luchando contra mi cabeza. Flores en pistolas. Reacción natural. Un blanco fácil. Aprieta el gatillo. Depuración mental.

Vestido de frialdad. Carezco por completo de empatía. Tolerando el exceso de intensidad, mi realidad y la misantropía.

No es que no te quiera. No es que no te quiera querer.  Puede ser filofobia, pero más me duele a mí no poder.



Un vaso lleno. Otro vacío. Pero nunca por la mitad. Nunca dejamos espacio al optimismo. Siempre  impotencia. Siempre debilidad.

Solo. Rodeado de amigos, pero solo. A años luz.

Solo. A tu lado, pero solo. Cargando por el precipicio  con tu cruz.

Bebiendo de utopías en vasos sin hielo. La resaca de tus manías, la injusta justicia y el duelo. Esquivando las alegrías, alguna que otra tristeza y, por supuesto, el consuelo.